El sabor de una buena comida muchas veces me sirvió para ver mas alla de los límites de mi universo conocido.
Mas de una vez se despertó la primera curiosidad hacia un lugar a través de una comida. Y si bien no puedo decir exactamente cuál fue la primera de esas veces, si puedo decir que claramente fue entre ustedes, sentado a su mesa y que alli aprendí a disfrutar no solo la comida en sí sino mas bien algo mucho mas valioso.
Esa curiosidad que es infaltable para degustar el momento de conocer lo nuevo (sea una comida o cualquier otra cosa), sin ella, no habría interés en aprender.
La curiosidad por sí misma, la curiosidad como talento, como virtud que enriquece el alma invitándola a abrirse y a empaparse con el mundo que la rodea.
Esa curiosidad -aunque suene raro - vino en un niche de papa!
Y mas tarde, embebida en el pastrami, en el puré de papa, el puré de calabaza, la lasagna hecha con panqueques, el vino, las tortas de cumpleanyos de lu, los lemon pies, las gloriosas tartas de alcaucil -que solo recordarlas se me pianta un lagrimón- la palta con limón, el queso con cebollín, las milanesas de berenjena, los ravioles de Jorge que solo conozco de oídas, el arroz con calamares al nero di sepia, los asados, las morcillas dulces, el pescado a la parrilla, los Marrillenknödel.
Mi universo se agrandó en su cocina, y se llenó de espacio y vida, de inspiración, de ejemplo, desafío y motivación en su mesa que fué siempre un lugar de abrigo y reparo adonde ir a recargar energía. Entiendo que algunas culturas situan el alma en el estómago, y no me extranya, que mi alma si la tengo, despertó durante esas cenas y almuerzos, de su letargo al ruido de cubiertos y discusiones, risas, o broncas; muchos momentos que quisiera recordar en detalle pero no puedo.
No puedo decir por cierto qué hubiera sido sin ellos, sin los niches, solo se que dispararon mi curiosidad hacia el mundo indescubierto de las comidas posibles, los mundos desconocidos.
Con ellos descubrí primero mi propia curiosidad y después el resto, primero la cocina de babel y luego la biblioteca. Sin ellos, Flaubert o Bukowski, Goya, Verdi, Puccini, da igual: literatura, música, pintura, historia, ciencia, política, cocina o cine no hubieran sido los mismos, en primer lugar porque tal vez nunca me habrían interesado, pero también porque ahi en la mesa, bajo la lampara naranja, cambió mi forma de ver y entender todas las cosas.
No entiendo los extraños caprichos de la asociacion de ideas, por momentos una mecanica de la comprension, luego una loteria combinatoria de sinsentidos e informaciones inutiles. Curiosamente, este mismo mecanismo incomprensible forma una extension ortopedica de los sentidos para palpar mundos imaginarios como los de un relato que huele extranyamente a polvo de cortina, un cuadro que vibra con dramatismo musical, una obra musical que se abre en un cielo de imagenes.
La atmósfera especial en la que trascurre un relato de Flaubert o la historia del mundo que me huele a barro y fuego, el mundo que se llena de posibilidades en contraste con el mensaje de la vida cotidiana. No me pregunto ahora por qué se asocian cosas tan ajenas. Solo digo que me alegro que sea como es, como me alegro por cada cosa que me recuerde esa esquina en la mesa en la que cambió todo. Asociar historia y barro no será util de una manera cotidiana (ni tampoco para entender la historia), asociar un relato con un atardecer tampoco, pero me hace mas rico de una forma extraña que quizás solo yo comprenda, a la manera de un chiste interno que queda para mi y me conecta con ustedes sin que lo sepan.
Hoy huelo una cortina y pienso en Felicitas y su loro, el loro de flaubert ...
Curioso, siendo que el loro de flaubert y por extranya asociacion, el polvo de cortina representan para mi, el olvido, el desvanecimiento de la mente, el desmayo lento y paulatino y a la vez impercibido de la consciencia como lo conocí en otros ámbitos , la mente que se apaga desinteresada; la mesa en cambio, es el templo abierto del universo por descubrir, de la pasión por aprender, de la asociación de ideas, del asombro, de la sed de conocer y comprender, de la consciencia.
Esa mesa fue para mi un suelo fértil y estimulante nutrido de curiosidad e inspiración en el que yo pude crecer como en ningun otro lado. Yo, Ramiro. Y despertó algo que siempre me llena de satisfacción y orgullo: la gran amistad que me une a ustedes.
Pero por sobre todo, una cosa: los niches y hasta los ravioles que nunca probe me ayudaron a ser mas feliz. Porque son ricos y porque un niche comido en chenaut 1723 es mas rico que otro niche en cualquier otra parte.
por todo eso, gracias!
Ramiro
Monday, September 11, 2006
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1 comments:
pucha que vale la pena estar vivo...lindo relato
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