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Aclaración: esto realmente sucedió y lo cuento como lo recuerdo. Lo que cuento no me enorgullece, no lo quiero ver entendido como el relato de una época de mi adolescencia con anécdotas pícaras.
Esta fué una época de mierda y sé que algunas de mis acciones provocaron dolor y sufrimiento a terceros y eso es algo que hoy lamento pero no puedo deshacer.
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Un mitómano miente patológica y continuamente para desviar la atención de su realidad insoportable y crearse un mundo de fantasía a la medida de como le gustaría que fueran las cosas.
En argentina lo llamamos versero, y verseros hay tantos que sin esforzar la actividad sináptica se nos ocurrirán al menos una docena.
Hugo apareció durante una cena en una confitería del centro de Villa Carlos Paz. El gofo lo conocía de Bariloche y lo había invitado a encontrarse con nosotros.
Llegó cuando estábamos comiendo nuestro lomito completo y tomando cerveza. Era el fin de un buen día.
Flaco, rubio, 1,82, tez quemada y arrugada por el sol, una camisa abotonada hasta el ombligo, una sonrisa blanca y un incisivo partido. Era imposible decir su edad. 30? 34? 26? nosotros teniamos 20.
Lo curioso es que a pesar de mi candidez innata, ya su sola manera de mostrar el diente partido al sonreír relajadamente mientras contaba los motivos de su presencia en Córdoba me inspiraba una desconfianza total a la vez que simpatía por la creatividad del relato.
Hugo estaba en córdoba luego de robar una joyeria en Bariloche. Era un boquetero barilochense.
Sus asociados estaban arreglados con la policía y lo habían traicionado pasando el dato de donde encontrarlo. Pero eso no era motivo para preocuparnos porque no lo iban a buscar en córdoba adonde iba a pasar un tiempo hasta que las cosas se tranquilizaran en bariloche para finalmente volver y visitar a su novia, la reina de la nieve, la mujer de su vida con la que se iba a casar y tener hijos.
Una foto doblada en cuatro de una chica esquiando demostraba la veracidad de todo lo anterior.
A las dos semanas de vivir con nosotros -y de nosotros- estábamos comiendo unas salchichas con puré choreadas de un supermercado y le aclaramos que necesitábamos un aporte monetario, comida, lo que fuera, un aporte a la dieta, incluso creo que alguien le explicó que lo de chorear salchichas de los supermercados era un recurso válido para pagar su parte del alquiler.
Hasta le ofrecimos laburar con nosotros en la producción de los videos.
Pero asi como era de hábil para contar historias, se decía inútil para laburar en algo que requiriera concentrar la mente durante lapsos prolongados, hacer planes, organizar.
Al ver que se tomaba las cosas un poco en joda alguien le dijo que si no traía guita ni comida se iba a tener que ir.
Hugo, asintiéndo con la cabeza, nos dijo con calma que no nos preocupáramos. La seguridad con la que lo decía me desconcertó en ese momento porque a la vez que trasmitía la mas absoluta certeza de proveer alimento o dinero no disponía de ninguno de los medios de intercambio que me fueran conocidos para conseguirlos. Sencillamente no me entraba en la cabeza qué clase de trabajo iba a encontrar para cumplir su promesa.
Pero me habia parecido entender que se iba a buscar un laburo.
Durante los días que siguieron, Hugo reportaba de su paso por heladerías, salas de videojuegos, discotecas, bares, pubs.
Todos prometían buenas posibilidades pero siempre resultaba que había salido una oportunidad aún mejor en otro lado adonde iba a ir a hablar al dia siguiente.
El dinero se iba haciendo mas escaso, la temporada de egresados de primaria se estaba por acabar, y un día sin aviso previo nos llegó la noticia que íbamos a tener que dejar el departamento en 48 horas.
Esa noche fuimos a una disco de las mas sarnosas en la que no había ni una mina a tomar unas cervezas. Al rato se nos acercaron Pipo y Lechuga para ver si podíamos proveerles algo de merca y así ayudar a Lechuga a dejarla.
Nos fuimos del boliche para casa, y Lechuga, que llevaba una guitarra tocó unas canciones mientras nos tomábamos las últimas birras en el depto.
Cuando ya nos vencía el sueño, lechuga ya callado mirando las cuerdas de la viola, y pipo vencido de sueño se despidieron y se fueron al camping prometiendo volver a vernos por ahi a tomar otras birras.
No pasó mucho rato de haberse ido los nuevos amigos, que hugo desapareció en el baño durante unos minutos, y al salir estaba vestido todo de negro.
Había ido al baño a cambiarse.
Mariano y yo lo miramos desconcertados. Bueno, dijo Hugo, me tengo que ir a laburar. Y antes de salir por la puerta agregó: miren por la ventana.
Las ventanas que daban a la calle estaban abiertas, eran las cinco de la mañana y empezaba a clarear.
Hugo cruzó la calle camino al almacén de la esquina de enfrente. Al llegar a la pared del almacén se detuvo, se agarró de una ventana de ventilación que abrió fácilmente, se trepó, y entró cerrando la ventana detrás de sí.
El almacén estaba adentro tan abarrotado de cosas que no podía se ver hacia adentro, asique hugo estaba como en su casa.
Estuvo en el almacén unos tres cuartos de hora hasta que al fin la ventana se volvió a abrir y hugo asomó la cabeza, luego una bolsa de compras enorme que tiro al piso, luego otra, y luego salio con las piernas primero saltando al piso para agarrar las bolsas y volver a casa.
A los dos días ya estábamos instalados en la casa de la mujer y sus perras, el botín desparramado por toda la casa: bondiolas, hormas de queso, panceta, sobres de champú, desodorantes, cartones de cigarrillos, comida en lata, comida en caja, dulce de batata. Cuando algo no nos gustaba o nos aburría, lo tirábamos y abríamos otra cosa. La abundancia nos tomó por sorpresa.
Pasamos semanas abriendo un atado de cigarrillos para fumar uno y luego abrir otro de otra marca. Eso si: los Marlboro eran intocables. Eran solo para hugo.
Pero hartos de fumar jockey Club y Saratoga un día le abrimos un cartón y dejamos cuatro atados de marlboro: dos de un lado y dos del otro llenando el resto con porquerías.
Hugo tardó dos o tres dias en descubrir la artimaña, cuando al querer sacar un atado de marlboro vio que abajo había uno de Jockey Club.
Hugo se calentó y agarró al gofo doblándole el brazo y haciéndolo chillar pidiendo que lo suelte, mientras gritaba, hugo le hacía cosquillas y le daba coscorrones en la cabeza hasta que le dijo adonde habíamos escondido los marlboro.
Pero decidió no sacarnos todos los marlboro, nos dejó dos atados en señal de respeto por el truco.
Un guiño de respeto de un ladrón a sus aprendices. Y diciendo tenés mil años de perdón soltó al gofo.
Thursday, June 19, 2008
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12 comments:
Che, que amiguitos este Gofo... Buena anécdota, linda aclaración la del principio
Tenía un poco de miedo de publicar este post. De hecho había pensado invitar a los participantes de polemica a mi blog, pero desisti. Un poco por vergüenza, un poco porque no se si realmente da para contar estas cosas.
Sigo dudando.
Vos no lo hagas porque yo no te va a hacer bien. Pero yo como amigo tuyo puedo echarle la culpa al gofo y asi exonerarte de culpa y cargo.
el primer yo no vale en el comentario anterior. No soy tan egocentrico como para hablar de mi cuando hablo de vos. Todo fue un error
querido lucóstenes,
decís que no invite a los polémicos a mi blog porque no me va a hacer bien?
Luego algo que no entiendo es cómo pensas echarle la culpa al gofo sin haber estado ahi, pero mas allá de eso, soy responsable de mis actos hoy como lo era entonces, también de aquellos cometidos por estupidez, no?
en resumen creo que no entendi tu comment mi querido lucu
Lo volviste a ver a este personaje??
Aclaro mi comentario. Como amigo tuyo puedo disculparte de cualquier cosa que hallas hecho en cordoba y atribuirle la causa de tus malas acciones al gofo. No te tenes que preocupar por lo que piensen tus amigos. No creo que los amigos de polemica se ofendan por leer estas cosas.
Vos no podes disculparte a vos mismo tan facilmente, porque estuviste ahi, eras mayor de edad y sabes cual fue tu responsabilidad. Si vos te haces el tonto (cosa que no pasa) no te haces ningun bien. Ese fue el sentido del comentario
Al Gofo o a Hugo?
El gofo paso hace poco por bs.as. y quiere ir a alemania porque esta muy "preocupado" por Ramiro.
A hugo lo volvi a ver en buenos aires un par de años más tarde en libertador y Federico Lacroze.
Iba vestido de traje con camisa y corbata y llevaba un celular y beeper(por el 94 me llamó la atención verlo con celular).
No se en que andará hoy pero si no tiene su propio grupo de mafiosos(cosa que no creo) debe estar ya integrado en el sedimento de algún río.
En este pais puede estar tanto cabeceandole el ombligo a "El tumba" como dirigiendo una gran corporación. En cuanto al relato, es bueno que no te autocensures, en definitiva el arte es una forma bella de digerir la realidad.
cabecear el ombligo, subir a la montaña... como me gustan los circunloquios sexuales rioplatenses.
Tienen elegancia y gracia sin dejar de tener la obscenidad necesaria.
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