Hace un tiempo iba en el auto con javier hablando de un -por entonces- amigo en común que me recordaba al gofo.
Puede ser que el gofo sea un mentiroso patológico pero al mismo tiempo que no niego la posibilidad, me duele un poco escuchar a otros llamarlo asi, porque sé que mucho de lo que no se le cree puede resultar realidad.
Lo se. Yo que vivi con el algunas de esas, hoy increíbles historias.
Asi la conversación en el auto fue creciendo en interés hasta ese punto que todos conocemos en el que nos sentimos empujados a sacar un as de la manga y rematar con una historia que va a dejar a todos callados.
Resulta que según la situación yo tengo un par de esas.
No recuerdo cuál era el tema del momento en la conversación del auto, pero debe haber sido relativo a las crisis personales y ecónomicas que te llevan al borde o al mismo fondo de la ruina.
No puedo más que suponerlo porque sin recordar de que iba la cosa, si se que de pronto me encontré contando de la vez que nuestra locataria en Villa Carlos paz nos dió de comer la carne de sus perras.
Para poder dejarnos la casa al gofo, a pipo, hugo y yo, la dueña se habia mudado al garage con sus dos ovejeras alemanas y su cocker spaniel marrón dejándonos una cocina, baño, un living y dos dormitorios. Las pulgas se quedaron en la casa con nosotros, porque eran tantas que no iban a entrar en el garage a menos que sacaran todo lo demas: perras, dueña y toneladas de artefactos oxidados y cubiertos de polvo.
A pipo lo habíamos conocido en una disco de VCP cuando se nos acerco con su amigo lechuga para preguntarnos si teniamos cocaína.
Lechuga, que había ido entre otras cosas para curarse de su moderada adicción, decía que tomando un poco de vez en cuando, podia manejar mejor la abstinencia.
Ante la ausencia de material femenino y cocaína, nos quedamos tomando cerveza hasta vaciar nuestras billeteras y luego invitamos a pipo y lechuga a nuestro depto del centro que compartíamos el gofo, hugo y yo.
Sobre el fin de ese verano durante el cual nos habiamos mantenido a flote vendiendo videos de viaje a grupos de egresados de primaria primero, de secundaria luego y jubilados al final, estabamos quebrados.
Quebrados significa que cuando tenia que ir a filmar a un grupo de jubilados -en general tucumanos- que nos traia nuestro amigo miguel el coordinador, yo entraba a un supermercado a robar un sobre de champu para bañarme en el río porque no teníamos agua .
Significa también que mi plan de dieta cuando tenia uno o dos pesos sacados de no se adonde, era comprar un kilo de pan que costaba un peso y una lata de coca para tener algo de agua y azúcar.
Y el plan de dieta cuando vendia un video era ir al centro a echarme un lomito completo.
Asi pasamos un buen tiempo vaciando la alacena de la casa el gofo y yo hasta que cuando realmente no quedaban ni las migas, nuestra esperanza de comida era tener un viaje con jubilados tucumanos al dia siguiente, porque sabiamos que yendo con el coordinador siempre ligás un triple de miga, un pebete, una coca, o si tenes suerte algo de proteína en forma de pata de pollo al horno.
Un dia la dueña, al ver que no ibamos a poder pagarle los alquileres pasados presentes ni futuros, nos dijo que no podia alquilarnos más la casa, pero nos ofreció un lugar en la planta de abajo que como la casa estaba construída sobre un barranco, la parte de atrás daba a un patio de barro sin pasto lleno de caca de perra, huesos roídos, alguna ropa colgada a secar y todo tipo de cacharros mecánicos tirados por el piso.
Por el patio se accedía a una habitación debajo de la casa adonde dormía ernesto, un bombero voluntario gordo que dormía con su cuchillo en la mesa de luz.
Pero había una cama marinera adonde me instalé durante unas semanas mientras seguía a la caza de jubilados a los que venderles mis videos.
Pero los jubilados tucumanos venian como no podía ser de otra manera sin un mango, en un viaje de oferta, con un micro de oferta, a un hotel de oferta
La dificultad de venderles videos empezaba por hacerles entender la tecnología de video : que lo que veían en la tele estaba grabado en un cassette VHS y que si lo compraban -y lograban superar su discapacidad tecnológica- podían dejarle a sus nietos un video de si mismos.
Pero aún cuando entendían eso, se mostraban agradecidos, a se despedían sacudiéndome la mano disculpándose por no tener dinero para el video.
Un lunes fuí al hotel a buscar a miguel y su grupo que llegaria ese día, y me dijeron que esa semana no iban a ir, yo ya llevaba una semana durmiendo en la habitación del bombero, y hacia mucho que no comía otra cosa que pan y coca cola, asique la situación se presentaba como un caso claro de llovido sobre mojado.
Al volver a la habitación, el gofo se sorprendio al verme, y me dijo que no habia podido comprar nada para comer porque en la calle lo habia parado el editor de nuestros videos y que le habia sacado hasta el último centavo y que aún así le debíamos 100 pesos.
Esa noche nos dormimos sabiendo que al día siguiente teníamos que encontrar un grupo para filmar.
Yo llevaba un sombrero negro que en el calor de villa carlos paz me salvaba de las insolaciones. No teniendo dinero para comida habia que caminar de hotel en hotel buscando grupos de turistas, pero lo único que conseguimos ese día fueron datos de grupos que iban a llegar los días siguientes. Nada concreto, nada que filmar, dabamos rodeos enormes para no pasar por la oficina de nuestro editor al que le debíamos. Y al regresar a la casa nos encontramos con la dueña esperándonos en la puerta para preguntarnos si habíamos hecho algún contacto.
Fue ahi, no se si ella nos habrá reconocido el hambre en la cara o que, pero nos preguntó si habíamos comido.
No recuerdo bien quién fue que le pregunto si nos podía dar algo de comer, habrá sido el gofo.
Ella no tenía nada para darnos, y nos fuimos a la habitación. Hasta que a la hora aparece la mujer con una cacerola llena de carne.
Este es la carne para las perras, dice. No tengo otra cosa, la quieren?
Nunca habia comido bofe y retazos de carne tirados por el carnicero. Le pusimos agua y lo hervimos, yo pregunte si habia sal o pimiemta, pero terminamos comiéndola asi como venía, hervida.
A pesar del hambre, el sabor, un poco abombado e imposible de tapar a falta de especias, se sumaba en mi cabeza a la idea de estar comiendo alimento para perros. Perras. Una cocker horrible mas ancha que larga hogar de millones de pulgas y dos ovejeras alemanas.
La carne sabia mal en la pobreza de su preparación. Sabia a la más profunda ruina y fracaso. Pero esa noche al irme a dormir con la panza llena, me abrigaba una sensación de esperanza, la sensación de estar vivo a pesar de todo. Si esto no me mataba, nada podria matarme.
Al acostarme se desperto ernesto, el bombero que me clavó la mirada y luego miró a la mesa de luz para ver si estaba su cuchillo.
Lo cuidas mucho a tu cuchillo le dije al ver que me vigilaba.
Este? me respondió, este cuchillo me salvó la vida, si pudiera hablar, te contaria historias que no podrías creer!
Subscribe to:
Post Comments (Atom)
8 comments:
El relato verdaderamente me pego. Todavia recuerdo tu vuelta desnutrido. Lo de la carne de los perros no lo sabia. Menos mal que todavia no la habian masticado.
no lo se... se que tenia mal aspecto antes de cocinarla y peor aún una vez cocida.
;-DD
que lástima que no haya mas comentarios sobre esta historia, la verdad que el recuerdo me habia inspirado ganas de contar todas las historias entretejidas de aquel verano: las de hugo y su tio del cielo que le proveía tarjetas de credito y dinero, del robo al almacén de enfrente de nuestro primer depto, de pipo y lechuga, de miguel, el coordinador rengo(le faltaba una pierna) que quería ser otra cosa que coordinador, de la novia cincuentona de hugo que era madre de una teenager preciosa y de un pibe chorro, de gustavo que un dia casi me caga a trompadas luego de robarle un grupo de turistas, del sponsor de la banda de musica y su marca de ropa y de como hugo se aprovisiono de pilcha cero KM sin un mango(o mejor dicho con mangos ajenos)
valdrá la pena contar estas cosas?
Por supuesto que vale la pena. Dale contalas! Estoy seguro que los comentarios van a llegar.
Che, yo la leí en partecitas. Una parte por lo fuerte y otra por interrupciones varias. Pero debo reconocer que antes q confieses tus ganas, yo ya estaba intrigada con lo de las tarjetas...
Otra cosa: menos mal que el hábito no hace al monje, perrito no te hiciste pora hora, no?
hacia fines de septiembre - principios de octubre suelo hacer pis en los árboles pero eso se debe mas a los litros de birra que se toma en la Oktoberfest que a una metamorfosis canina
En algún momento vas a perdonar a tu lado creativo y escribir un libro de cuentos. No se si Dalmiro estará vivo para entonces, pero sé que yo lo voy a disfrutar. Un abrazo.
Julius
gracias julius
supongo que tengo algo de material autobiografico utilizable.
por lo pronto voy a ver que puedo hacer con los recuerdos cruzados de ese verano cordobés
Post a Comment