Saturday, June 21, 2008

de amos y mascotas

ayer fue el partido de turquia croacia.
yo estaba laburando en mis cosas mientras por la tele pasaban el partido.
en los primeros 90 minutos no pasó casi nada, luego el alarge. También durante los primeros 15 del alargue nada, hasta que en el minuto 119 cae el gol de croacia.
Que cagada, yo que queria ver a los turcos jugar con alemania.
luego 120 minutos cumplidos. un minuto de alargue, el minuto pasa, viene la última jugada, la pelota la llevan los turcos, los croatas confundidos, distraídos con su festejo, y ahi ya en el minuto 122 gol de Semih.

increíble!
luego los penales, los turcos meten tres, los croatas erran dos y el arquero turco ataja el último!

wow! después de eso salí con un amigo a tomar unas birras por el centro, y a ver el festejo turco por las calles de munich.
quizás lo sorprendente es sorprenderse. Se sabe que hay mas puestos de Döner Kebap que de Currywurst, pero eso no termina de explicar de donde salía esa multitud increíble de turcos.
Creo que además está la alegría de enfrentarse a un adversario inesperado, claro, porque ni los alemanes ni los turcos se esperaban un encuentro entre ambos.

Ayer un amigo uruguayo durante el almuerzo con los companyeros alemanes de laburo contesto a un alemán cuando este le dijo en joda que los turcos son mascotas de alemania.
Diego le dijo, claro, es lógico, las mascotas y los dueños se parecen y aunque no hayan llegado al grado de perfección aleman, habrán masacrado su buen milloncito de armenios, no?
El silencio en la mesa luego de esa frase no se va a repetir luego del partido entre alemania y turquia, va a ser una noche ruidosa,
Tanto mas ruidosa si la mascota le muerde el orto al duenyo.

Que cosa que me gustaría ver! no se si conozco algún extranjero en munich que no quiera ver como yo a la mascota morfarse al amo
TÜR - KI - YE!!!

Thursday, June 19, 2008

roba ladrón

############################################################
Aclaración: esto realmente sucedió y lo cuento como lo recuerdo. Lo que cuento no me enorgullece, no lo quiero ver entendido como el relato de una época de mi adolescencia con anécdotas pícaras.
Esta fué una época de mierda y sé que algunas de mis acciones provocaron dolor y sufrimiento a terceros y eso es algo que hoy lamento pero no puedo deshacer.

############################################################

Un mitómano miente patológica y continuamente para desviar la atención de su realidad insoportable y crearse un mundo de fantasía a la medida de como le gustaría que fueran las cosas.
En argentina lo llamamos versero, y verseros hay tantos que sin esforzar la actividad sináptica se nos ocurrirán al menos una docena.

Hugo apareció durante una cena en una confitería del centro de Villa Carlos Paz. El gofo lo conocía de Bariloche y lo había invitado a encontrarse con nosotros.
Llegó cuando estábamos comiendo nuestro lomito completo y tomando cerveza. Era el fin de un buen día.
Flaco, rubio, 1,82, tez quemada y arrugada por el sol, una camisa abotonada hasta el ombligo, una sonrisa blanca y un incisivo partido. Era imposible decir su edad. 30? 34? 26? nosotros teniamos 20.
Lo curioso es que a pesar de mi candidez innata, ya su sola manera de mostrar el diente partido al sonreír relajadamente mientras contaba los motivos de su presencia en Córdoba me inspiraba una desconfianza total a la vez que simpatía por la creatividad del relato.

Hugo estaba en córdoba luego de robar una joyeria en Bariloche. Era un boquetero barilochense.
Sus asociados estaban arreglados con la policía y lo habían traicionado pasando el dato de donde encontrarlo. Pero eso no era motivo para preocuparnos porque no lo iban a buscar en córdoba adonde iba a pasar un tiempo hasta que las cosas se tranquilizaran en bariloche para finalmente volver y visitar a su novia, la reina de la nieve, la mujer de su vida con la que se iba a casar y tener hijos.
Una foto doblada en cuatro de una chica esquiando demostraba la veracidad de todo lo anterior.

A las dos semanas de vivir con nosotros -y de nosotros- estábamos comiendo unas salchichas con puré choreadas de un supermercado y le aclaramos que necesitábamos un aporte monetario, comida, lo que fuera, un aporte a la dieta, incluso creo que alguien le explicó que lo de chorear salchichas de los supermercados era un recurso válido para pagar su parte del alquiler.
Hasta le ofrecimos laburar con nosotros en la producción de los videos.
Pero asi como era de hábil para contar historias, se decía inútil para laburar en algo que requiriera concentrar la mente durante lapsos prolongados, hacer planes, organizar.
Al ver que se tomaba las cosas un poco en joda alguien le dijo que si no traía guita ni comida se iba a tener que ir.
Hugo, asintiéndo con la cabeza, nos dijo con calma que no nos preocupáramos. La seguridad con la que lo decía me desconcertó en ese momento porque a la vez que trasmitía la mas absoluta certeza de proveer alimento o dinero no disponía de ninguno de los medios de intercambio que me fueran conocidos para conseguirlos. Sencillamente no me entraba en la cabeza qué clase de trabajo iba a encontrar para cumplir su promesa.
Pero me habia parecido entender que se iba a buscar un laburo.

Durante los días que siguieron, Hugo reportaba de su paso por heladerías, salas de videojuegos, discotecas, bares, pubs.
Todos prometían buenas posibilidades pero siempre resultaba que había salido una oportunidad aún mejor en otro lado adonde iba a ir a hablar al dia siguiente.
El dinero se iba haciendo mas escaso, la temporada de egresados de primaria se estaba por acabar, y un día sin aviso previo nos llegó la noticia que íbamos a tener que dejar el departamento en 48 horas.
Esa noche fuimos a una disco de las mas sarnosas en la que no había ni una mina a tomar unas cervezas. Al rato se nos acercaron Pipo y Lechuga para ver si podíamos proveerles algo de merca y así ayudar a Lechuga a dejarla.
Nos fuimos del boliche para casa, y Lechuga, que llevaba una guitarra tocó unas canciones mientras nos tomábamos las últimas birras en el depto.

Cuando ya nos vencía el sueño, lechuga ya callado mirando las cuerdas de la viola, y pipo vencido de sueño se despidieron y se fueron al camping prometiendo volver a vernos por ahi a tomar otras birras.
No pasó mucho rato de haberse ido los nuevos amigos, que hugo desapareció en el baño durante unos minutos, y al salir estaba vestido todo de negro.
Había ido al baño a cambiarse.
Mariano y yo lo miramos desconcertados. Bueno, dijo Hugo, me tengo que ir a laburar. Y antes de salir por la puerta agregó: miren por la ventana.

Las ventanas que daban a la calle estaban abiertas, eran las cinco de la mañana y empezaba a clarear.
Hugo cruzó la calle camino al almacén de la esquina de enfrente. Al llegar a la pared del almacén se detuvo, se agarró de una ventana de ventilación que abrió fácilmente, se trepó, y entró cerrando la ventana detrás de sí.
El almacén estaba adentro tan abarrotado de cosas que no podía se ver hacia adentro, asique hugo estaba como en su casa.
Estuvo en el almacén unos tres cuartos de hora hasta que al fin la ventana se volvió a abrir y hugo asomó la cabeza, luego una bolsa de compras enorme que tiro al piso, luego otra, y luego salio con las piernas primero saltando al piso para agarrar las bolsas y volver a casa.

A los dos días ya estábamos instalados en la casa de la mujer y sus perras, el botín desparramado por toda la casa: bondiolas, hormas de queso, panceta, sobres de champú, desodorantes, cartones de cigarrillos, comida en lata, comida en caja, dulce de batata. Cuando algo no nos gustaba o nos aburría, lo tirábamos y abríamos otra cosa. La abundancia nos tomó por sorpresa.
Pasamos semanas abriendo un atado de cigarrillos para fumar uno y luego abrir otro de otra marca. Eso si: los Marlboro eran intocables. Eran solo para hugo.

Pero hartos de fumar jockey Club y Saratoga un día le abrimos un cartón y dejamos cuatro atados de marlboro: dos de un lado y dos del otro llenando el resto con porquerías.
Hugo tardó dos o tres dias en descubrir la artimaña, cuando al querer sacar un atado de marlboro vio que abajo había uno de Jockey Club.
Hugo se calentó y agarró al gofo doblándole el brazo y haciéndolo chillar pidiendo que lo suelte, mientras gritaba, hugo le hacía cosquillas y le daba coscorrones en la cabeza hasta que le dijo adonde habíamos escondido los marlboro.
Pero decidió no sacarnos todos los marlboro, nos dejó dos atados en señal de respeto por el truco.

Un guiño de respeto de un ladrón a sus aprendices. Y diciendo tenés mil años de perdón soltó al gofo.

Friday, June 13, 2008

la carne de sus perras

Hace un tiempo iba en el auto con javier hablando de un -por entonces- amigo en común que me recordaba al gofo.
Puede ser que el gofo sea un mentiroso patológico pero al mismo tiempo que no niego la posibilidad, me duele un poco escuchar a otros llamarlo asi, porque sé que mucho de lo que no se le cree puede resultar realidad.
Lo se. Yo que vivi con el algunas de esas, hoy increíbles historias.

Asi la conversación en el auto fue creciendo en interés hasta ese punto que todos conocemos en el que nos sentimos empujados a sacar un as de la manga y rematar con una historia que va a dejar a todos callados.
Resulta que según la situación yo tengo un par de esas.

No recuerdo cuál era el tema del momento en la conversación del auto, pero debe haber sido relativo a las crisis personales y ecónomicas que te llevan al borde o al mismo fondo de la ruina.
No puedo más que suponerlo porque sin recordar de que iba la cosa, si se que de pronto me encontré contando de la vez que nuestra locataria en Villa Carlos paz nos dió de comer la carne de sus perras.

Para poder dejarnos la casa al gofo, a pipo, hugo y yo, la dueña se habia mudado al garage con sus dos ovejeras alemanas y su cocker spaniel marrón dejándonos una cocina, baño, un living y dos dormitorios. Las pulgas se quedaron en la casa con nosotros, porque eran tantas que no iban a entrar en el garage a menos que sacaran todo lo demas: perras, dueña y toneladas de artefactos oxidados y cubiertos de polvo.

A pipo lo habíamos conocido en una disco de VCP cuando se nos acerco con su amigo lechuga para preguntarnos si teniamos cocaína.
Lechuga, que había ido entre otras cosas para curarse de su moderada adicción, decía que tomando un poco de vez en cuando, podia manejar mejor la abstinencia.
Ante la ausencia de material femenino y cocaína, nos quedamos tomando cerveza hasta vaciar nuestras billeteras y luego invitamos a pipo y lechuga a nuestro depto del centro que compartíamos el gofo, hugo y yo.

Sobre el fin de ese verano durante el cual nos habiamos mantenido a flote vendiendo videos de viaje a grupos de egresados de primaria primero, de secundaria luego y jubilados al final, estabamos quebrados.
Quebrados significa que cuando tenia que ir a filmar a un grupo de jubilados -en general tucumanos- que nos traia nuestro amigo miguel el coordinador, yo entraba a un supermercado a robar un sobre de champu para bañarme en el río porque no teníamos agua .
Significa también que mi plan de dieta cuando tenia uno o dos pesos sacados de no se adonde, era comprar un kilo de pan que costaba un peso y una lata de coca para tener algo de agua y azúcar.
Y el plan de dieta cuando vendia un video era ir al centro a echarme un lomito completo.

Asi pasamos un buen tiempo vaciando la alacena de la casa el gofo y yo hasta que cuando realmente no quedaban ni las migas, nuestra esperanza de comida era tener un viaje con jubilados tucumanos al dia siguiente, porque sabiamos que yendo con el coordinador siempre ligás un triple de miga, un pebete, una coca, o si tenes suerte algo de proteína en forma de pata de pollo al horno.
Un dia la dueña, al ver que no ibamos a poder pagarle los alquileres pasados presentes ni futuros, nos dijo que no podia alquilarnos más la casa, pero nos ofreció un lugar en la planta de abajo que como la casa estaba construída sobre un barranco, la parte de atrás daba a un patio de barro sin pasto lleno de caca de perra, huesos roídos, alguna ropa colgada a secar y todo tipo de cacharros mecánicos tirados por el piso.
Por el patio se accedía a una habitación debajo de la casa adonde dormía ernesto, un bombero voluntario gordo que dormía con su cuchillo en la mesa de luz.
Pero había una cama marinera adonde me instalé durante unas semanas mientras seguía a la caza de jubilados a los que venderles mis videos.

Pero los jubilados tucumanos venian como no podía ser de otra manera sin un mango, en un viaje de oferta, con un micro de oferta, a un hotel de oferta
La dificultad de venderles videos empezaba por hacerles entender la tecnología de video : que lo que veían en la tele estaba grabado en un cassette VHS y que si lo compraban -y lograban superar su discapacidad tecnológica- podían dejarle a sus nietos un video de si mismos.
Pero aún cuando entendían eso, se mostraban agradecidos, a se despedían sacudiéndome la mano disculpándose por no tener dinero para el video.

Un lunes fuí al hotel a buscar a miguel y su grupo que llegaria ese día, y me dijeron que esa semana no iban a ir, yo ya llevaba una semana durmiendo en la habitación del bombero, y hacia mucho que no comía otra cosa que pan y coca cola, asique la situación se presentaba como un caso claro de llovido sobre mojado.
Al volver a la habitación, el gofo se sorprendio al verme, y me dijo que no habia podido comprar nada para comer porque en la calle lo habia parado el editor de nuestros videos y que le habia sacado hasta el último centavo y que aún así le debíamos 100 pesos.
Esa noche nos dormimos sabiendo que al día siguiente teníamos que encontrar un grupo para filmar.

Yo llevaba un sombrero negro que en el calor de villa carlos paz me salvaba de las insolaciones. No teniendo dinero para comida habia que caminar de hotel en hotel buscando grupos de turistas, pero lo único que conseguimos ese día fueron datos de grupos que iban a llegar los días siguientes. Nada concreto, nada que filmar, dabamos rodeos enormes para no pasar por la oficina de nuestro editor al que le debíamos. Y al regresar a la casa nos encontramos con la dueña esperándonos en la puerta para preguntarnos si habíamos hecho algún contacto.

Fue ahi, no se si ella nos habrá reconocido el hambre en la cara o que, pero nos preguntó si habíamos comido.
No recuerdo bien quién fue que le pregunto si nos podía dar algo de comer, habrá sido el gofo.
Ella no tenía nada para darnos, y nos fuimos a la habitación. Hasta que a la hora aparece la mujer con una cacerola llena de carne.
Este es la carne para las perras, dice. No tengo otra cosa, la quieren?
Nunca habia comido bofe y retazos de carne tirados por el carnicero. Le pusimos agua y lo hervimos, yo pregunte si habia sal o pimiemta, pero terminamos comiéndola asi como venía, hervida.

A pesar del hambre, el sabor, un poco abombado e imposible de tapar a falta de especias, se sumaba en mi cabeza a la idea de estar comiendo alimento para perros. Perras. Una cocker horrible mas ancha que larga hogar de millones de pulgas y dos ovejeras alemanas.
La carne sabia mal en la pobreza de su preparación. Sabia a la más profunda ruina y fracaso. Pero esa noche al irme a dormir con la panza llena, me abrigaba una sensación de esperanza, la sensación de estar vivo a pesar de todo. Si esto no me mataba, nada podria matarme.

Al acostarme se desperto ernesto, el bombero que me clavó la mirada y luego miró a la mesa de luz para ver si estaba su cuchillo.
Lo cuidas mucho a tu cuchillo le dije al ver que me vigilaba.
Este? me respondió, este cuchillo me salvó la vida, si pudiera hablar, te contaria historias que no podrías creer!