Viene de la chica del lago V
La mano, los dedos que al abrirse soltaron la pistola que cayó entre los cuerpos en la alfombra, eran los míos, no quedaba duda: eran los míos, tenían que serlo porque los veía delante de mis ojos, los mismos dedos que parecían haberla guiado apuntando y disparando. Ana estaba en la silla detrás del vidrio. Una herida en el centro del pecho desnudo, los ojos, la boca abierta. Pensé en ir a desatarla, pero miré primero a mi alrededor para terminar de orientarme y vi en el descanso de la escalera que bajaba al río cuatro figuras que parecían congeladas en el acto de subir.
Eran Jimmy, yo, Tommy, y Henry. Al acercarme, vi como empezaban a bajar las escaleras en marcha atrás. Iban bajando hacia atrás como si el tiempo pasara al revés. Llegaron a la puerta de barrotes, que se abrió al salir yo para meterme gateando hacia atrás con los pies primero en el agua luego de retirarse los lagartos. Jimmy llevaba en la boca un cigarrillo encendido que se apagó al contacto con el fuego del encendedor para terminar en el atado junto con los demás. Tommy, y Jimmy discutian gesticulando, Henry fué el primero en desaparecer desandando sus pasos hacia el living.
Lo seguí y vi como se sentaba en el sofá para mirar hacia la barra del bar. Ana medio vestida, se desvestía agachándose a dejar ropa por el suelo mientras atrás de la barra, la chica, la del muelle, la novia de Henry, también desnuda sostenía en la mano un vaso que se iba llenando a medida que tomaba. Ana, desanduvo unos pasos hasta adonde estaba la otra chica que la abrazó besándola en el cuello.
Tommy volvió llegando al sofá y se quedó hablando con Henry unas palabras aspiradas al revés, mientras Jimmy volvió sobre sus pasos que lo habían hecho pasar por la barra. La chica tomó la llave de la que me había hablado Tommy y que estaba al lado de un vaso de wisky para volver atrás el acto de cerrar el baúl y sacar un bulto grande que luego Jimmy se llevó yéndose hacia el depósito de donde evidentemente lo había traído.
Atrás mio escuché un zumbido. Un ruido apagado y vibrante como de un motor eléctrico. Me dí vuelta a mirar y vi a Pedro Morgante, mi compañero del primer año de la Universidad del Cine. Estaba colgado boca abajo del techo mirando por el ocular de una cámara gigantesca que zumbaba fijada a un carro de travelling que se deslizaba por unas vías pegadas al techo. Cuando vió que lo miraba se dirigió a mi guiñando un ojo.
Asi es mas loco, dijo Pedro. Claro, contesté, pero tenés que poner la cámara al revés también, ponela de cabeza, entonces cuando pasemos la película, la damos vuelta poniendo los fotogramas al derecho, y de esa manera podemos mostrar la acción en orden cronológico. En seguida llegó un ejército de asistentes de cámara a corregir el error poniendo la cámara de cabeza. La escena estaba congelada, los asistentes corrían por el living midiendno luz incidente, luz reflejada, dando indicaciones, corrigiendo luces, prendiendo spots, cambiando gelatinas.
Listo! me gritó pedro y me lanzó un cigarrillo de la misma marca de los que tenía la chica del lago. Lo encendí y la escena continuó: La chica del muelle y Ana besandose. Cuando ví a Jimmy desaparecer en el depósito caminando hacia atrás lo seguí.
Las luces estaban apagadas y las estanterías se iluminaban solamente con el fulgor de mi cigarrillo. En uno de los pasillos mas alejados se escuchaban pasos y ruidos como de alguien que acomodaba cosas en la estantería. Caminé hasta allá. Cuando llegué, vi a la chica del muelle que cargaba unos rollos gigantescos de película en un carro. La chica levantó la vista, esto también es para vos. Estados alterados, de Ken Russel, la escena del laboratorio, te acordás?
Claro, dije, William Hurt está solo en el laboratorio experimentando con drogas psicotrópicas mientras sus amigos están en el bar, el laboratorio está oscuro cuando ellos lo llaman para que vaya, y cuando él sale por la puerta, la cámara se queda en la oscuridad viendo como se va por el pasillo y luego hace un movimiento muy lento hacia un armario abierto y oscuro que está sobre el pasillo frente a la puerta y en el que solo se ve un brillo misterioso de algo que no se sabe que es. Y vos que pensás que puede ser? preguntó la chica, un tubo de ensayo, un microscopio, el ojo de una bestia, puede ser cualquier cosa, contesté.
Ves que la merecés? es para vos, y es hora de irte. Pero, y los demás? Ana? adonde están? y como hago para llevarme las cosas?
Ana está muerta, no te acordás? los mataste a todos. Y lo que necesitás para llevarte las cosas está en el baúl al lado de la barra.
La chica me acompaño al living. El cigarrillo ya se acababa y lo apagué pero ya mis ojos podían ver mejor. Cuando llegamos al Living vi la llave sobre la barra, los cuerpos de Tommy Jimmy y Henry estaban tirados en la alfombra, Ana seguía en la silla del balcón. Tomé la llave y abrí el baúl. Adentro había una mochila negra enorme. parecía una de esas mochilas que se usan para trekking pero estaba hecha de un material impermeable y liviano. Y acá me tengo que llevar todo eso? pregunté. Buceando, contestó la chica sonriendo, pero se te acaba el tiempo. Corrí hasta el depósito, y metí una cámara arriflex 16mm blindada, tres lentes, y llené el resto con celuloide virgen. Cuando volví al living encontré a la chica dandome la espalda, las manos apoyadas en la barra, en una de ellas el atado de cigarrillos, en la otra el encendedor, el pareo subido hasta la cintura. Movia las caderas para mostrarme el culo invitándome. No querés hacerme unos mimos antes de irte?
Le saqué dos cigarrillos y le alcancé uno. Tengo la impresión que haga lo que haga, es lo equivocado, dije. Entonces por que no me la metés un poquito? preguntó. Porque de todos los errores, ese puede ser el peor? le contesté preguntando.
La chica sonrió, dió una pitada larga mirandome y se acomodó el pareo. Luego de un rato largo de silencio terminamos nuestros cigarrillos. Te tenés que ir, los lagartos ya no están más, dijo la chica. Y me acompañó a la escalera de piedra. La puerta de barrotes estaba abierta. Te espero en el muelle, rami, dijo entonces y me lancé al agua.
La mochila pesaba mucho y a pesar de la facilidad para nadar, me costaba avanzar, braceaba esforzándome, veía el fondo del río pasar por debajo mío rápidamente, pero tenía la sensación de no ir lo suficientemente rápido, de avanzar cada vez mas lento. Cuando vi el muelle a unos veinte metros ya casi no me quedaban fuerzas, con el pie rocé el fondo y me empezaba a faltar el aire, cada vez que braceaba avanzaba menos, mis brazos ya no tenían reservas. Llegué con lo último a pararme en el fondo del río a metro y medio del muelle, La falta de aire, de fuerza, sentí el sabor de los cigarrillos subiendome desde los pulmones, desesperado traté de sacarme la mochila pero era imposible deshacer los seguros. La mochila me apretaba el pecho y la cintura, la Arriflex, los lentes, los rollos de celuloide, me era imposible sacarmelos de encima. Arriba en el muelle estaba la chica, fumando y mirandome. Yo la vi claramente cuando me saludó con la mano, entonces sentí el agua fría llenandome los pulmones, una última, inútil brazada hacia la superficie, que no logró despegarme del fondo.
La chica tiró su cigarrillo al agua y morí.
-Ende gut, alles gut-




